viernes, 23 de octubre de 2015

Burgos, Dia de las Fuerzas Armadas 1983

Burgos, Dia de las Fuerzas Armadas


Pronto hará mil cien años que el rey don Alfonso III de León encargó al conde Diego Rodríguez, conocido por Diego Porcelos, la fundación de un “burgo murado”, a orillas del río Arlanzón, para contener el avance musulmán. De este modo surgió en el norte de la meseta una nueva ciudad, mirando al anchuroso Sur, a esa Castilla que, entre dolores de parto, comenzaba a nacer para la gran Historia.
Este Burgos es, sin embargo, algo más que una fecha memorable y multisecular: es Fernán González, Laín Calvo, Pero Ansúrez, Nuño Rasura, Martín Antolínez, Rancón Bonifaz, leyenda épica del albor de España. Este Burgos es, ayer, ahora y siempre, Rodrigo Díaz de Vivar, ese “milagro de los grandes milagros del Creador”, caballero en su Babieca para la eternidad, flotando su capa al aire frío seco de su Castilla, conquistador de reinos y hombres para la dignidad la justicia.
Este Burgos, ley y espada, sobrio y firme en la lealtad, ha sido este año de 1983 escenario principal de los actos y ceremonias de la Semana de las Fuerzas Armadas, organizada por una Capitanía General cuya sede en la ciudad es, como tantas otras cosas, fruto del esfuerzo y del tesón seculares de los burgaleses. No podía hallarse para este fin ciudad más noble y más noble pueblo; no podía tener Burgos mejor celebración de sus once siglos de existencia que este abrazo con las Fuerzas Armadas que, por ser de España, son entrañablemente suyas.

El convento de las Bernardas es la sede de la exposición del Ejército de Tierra. Allí se exhibían muestras de armas, uniformes, cartografía, miniaturas militares ,cuadros, tapices y objetos de arte. En la foto, maniquíes vistiendo uniformes de los ejércitos de España pertenecientes a distintas épocas de nuestra historia.


Así lo han sentido y lo han vivido estos días los burgaleses de toda condición; el ambiente en las calles era de una animación difícil de describir. Interminables colas para visitar las exposiciones de los Ejércitos de Tierra. Mar y Aire; continuas multitudes en el recinto de la exposición estática de material, en donde era difícil dar un paso.
La ciudad se ha sumado entera, sin fisuras, a la fraternidad con sus soldados; no han faltados los toros, ni el fútbol de calidad en el homenaje; el comercio cerró sus puertas para recibir, el pueblo en masa, a sus Majestades los Reyes, al Príncipe y las Infantas en un sábado lleno de sol y de fervor patriótico.
El sábado por la mañana, el pueblo de Burgos se dio cita en la Plaza Mayor para recibir a los Reyes, el Príncipe y las Infantas. Alrededor de la estatua de Carlos III, miles de burgaleses se apiñaron para vitorear a España y a los Monarcas, en una ciudad que tiene los títulos de Cámara Regia y Cabeza de Castilla.

Este Burgos, Cámara Regia y Cabeza de Castilla, primera ciudad histórica de la nueva Europa surgida de las cenizas del Imperio Romano, prodigio pétreo hecho realidad en las agujas únicas de su joya catedralicia, lugar de nobles gentes, ha estado de fiesta. Fiesta genuina, nacida en e1 más hondo sentimiento de su pueblo; en las lágrimas  de muchos rostros curtidos que escuchaban de labios de su rey, el reconocimiento a su fidelidad. Fiesta de vasallos amantes y amados de su señor, prestos a luchar y a morir por su dama, una Patria de la que hunca abjuraron, una Patria a la que ahora llaman por su nombre, sin eufemismos ni concesiones.
Pocas veces se han dado en una ciudad testimonios tan variados y elocuentes de integración Pueblo-Ejército, abrazo patente en el monumento que, dedicado a las Fuerzas Armadas, simboliza lo que éstas representan y garantizan para todos: Paz, Justicia y Libertad. No se sabía estos días en Burgos, quién era pueblo y quién era ejército: éramos todos uno en el entusiasmo. Ha sido emocionante este Burgos primaveral, sencillo solemne como todo lo grande, anfitrión de honor de unos días inolvidables.
Un teniente del Ejército de Tierra, acompañado por dos oficiales del Ejército, de la Armada y el Ejército del Aire, recibió de S. M. el Rey la gran enseña protagonista del acto de homenaje a la Bandera. El numerosisimo público existente siguió la ceremonia con gran emoción.

BURGOS ES UNA BANDERA
Así titulaba su crónica un periódico burgalés el sábado 28 de mayo; Burgos era una bandera porque todo él estaba cubierto de rojo y gualda. “Se trata de rendirles un homenaje y no vamos los burgaleses a defraudar a los colores sagrados”, continuaba la crónica. Por supuesto, no los defraudaron. Arreció la lluvia poco antes de la hora fijada para el Homenaje a la Bandera, y las calles y los puentes sobre el Arlanzón se llenaron de paraguas, pero los burgaleses no faltaron a su cita.
El acto, el momento de aparecer las banderas, es un instante singular. Callan las gentes, y las notas del Himno Nacional cargan de emoción los corazones. Se siente un escalofrío colectivo que se intensifica cuando es izada, lentamente, la enseña patria. Es como una oración. Este año, el acto de homenaje a los caídos se vio realzado por la presencia de una compañía de granaderos, un precioso recuerdo del pasado, un lujo que sólo ejércitos viejos gloriosos como el nuestro se pueden permitir. Hicieron los granaderos una descarga de honor con sus fusiles fabricados en Eibar por manos  artesanas, y la estatua del buen Carlos III que se encuentra en la Plaza Mayor de Burgos debió de suspirar complacida. La solemnidad de la vieja música, el desfile de estos soldados antiguos, fue el broche final de una tarde lluviosa y fría, pero ardiente y plena en el alma de los que presenciamos el Homenaje a la Bandera. Antes, los orfeones de Burgos, Miranda y Aranda de Duero habían llenado el aire con sus voces, cantando a Burgos, a Castilla, y a España; el amor se hizo canción bajo la gran enseña que parecía cobijarnos a todos.
Repasamos el Arlanzón por el Puente de San Pablo, sucesor de aquel pontón que levantara en IZUZ la Cofradía de los Trece Caballeros, costeando cada ojo del puente un cofrade; al final, sobre la multitud, la estatua del Cid, las barbas al viento y la espada señalando siempre hacia adelante; nunca más saldrá de Burgos, hacia el destierro, su espíritu.

La Bandera de España es izada en el mástil a los acordes del Himno Nacional.
Burgos vivió la intensidad del acto de homenaje a la Bandera, durante el cual los orfeones burgaleses entonaron el himno de Burgos en homenaje al símbolo sagrado de todos los españoles.

El domingo 29 de mayo desfilaron en Burgos dos COEs, las de Bilbao y Burgos, las dos unidades de este tipo con que cuenta la 6ª R. M. El paso de estos soldados entrenados para las misiones más difíciles, fue saludado con grandes muestras de afecto por el público asistente.

Las banderas y estandartes de las unidades a pie pasan ante la tribuna real, durante la gran parada militar con que culminaron los actos de la Semana de las Fuerzas Armadas. Ocho mil hombres pertenecientes a los tres Ejércitos se concentraron en Burgos para participar en el magno desfile ,broche de oro de unos días marcados por la fraternidad entre el pueblo y sus soldados.

La 6ª R. M. está guarnecida en gran parte por unidades de Montaña. Estas tropas, instruidas para soportar las duras condiciones de vida y combate que impone el terreno montañoso, tiene la misión de asegurar nuestras fronteras del Norte. En la foto, una Compañia de Cazadores a su paso ante S. M. el Rey

EL DESFILE
“Que no se nos diga que una parada militar no es más que un espectáculo vistoso, lleno de colorido y todo eso que se dice con más frecuencia de la deseada. Porque sí es eso, pero es mucho más. Para ver un espectáculo, al menos en esta tierra, no se van las gentes desde muy por la mañana para reservar sitio, ni se vienen masivamente de la provincia, ni se adornan multitudinariamente los balcones, ni se vuelca la ciudad hacia los visitantes. Un desfile es, ya decimos que eso, pero antes es el fervor popular por ver cómo pasa el pueblo, por verse a sí mismo el pueblo, por comprobar que, con cara joven, son ahora los que fuimos ayer”.
Esto lo leí el domingo por la mañana en Burgos, y me pareció que ninguna otra definición supera lo sucedido a las doce de ese día. Es difícil calcular la cantidad de personas que se habían dado cita, desde mucho antes de la hora del comienzo de la parada militar, en la calle Vitoria; allí había miles de castellanos, vascos, navarros, riojanos y cántabros, ocupando aceras y tapias, y hasta los árboles estaban cuajados de muchachos con banderas nacionales. El desfile era la culminación de una semana llena de acontecimientos castrenses, tanto en Burgos como en el resto de las comunidades territoriales que configuran la 6ª Región Militar —aunque no faltó el zarpazo salvaje del terrorismo— y esta culminación fue una verdadera apoteosis.

Desde muy temprano estaba abarrotada la calle Vitoria, profusamente engalanada, como el resto de la ciudad, de rojo y gualda. Llegaron a las doce los Reyes a la tribuna de honor y, tras pedir la venia real, comenzaron su paso las Unidades al mando del Capitán General de la Región. La enseñas nacionales, el Regimiento de la Guardia, Caballería, Infantería Acorazada y Mecanizada, Artillería, Ingenieros, Intendencia, Sanidad, Tropas de Montaña, Academias Militares..., el paso de todo era  jaleado por los burgaleses con entusiasmo. Desfilaba el pueblo armado, ante los ojos del pueblo.
Pero, este año, el protagonista ha sido la Guardia Civil. El paso de la Guardia Civil fue el delirio; millares de claveles rojos y amarillos fueron arrojados a sus pies, entre vítores y aplausos. El homenaje habrá llegado sin onda, hasta el cielo donde se hallan esos héroes caídos, de la forma más cruel, por todos nosotros. La gente les recordó con entusiasmo que nubló, bajo los tricornios y las boinas, los ojos de los guardias civiles.
Pasó, por último, la Legión, a su paso único, raudo y vibrante, entre la expectación y la admiración. Acabó el desfile, en el aire limpio de Burgos quedó el recuerdo de una Semana en que se renovó este abrazo pueblo-ejército que en estas benditas tierras pronto cumplirá sus primeros mil cien años.

A orillas del río Arlanzón en, una vasta explanada entre árboles, estaba montada la exposición estática de material, que fue visitada, a lo largo de la Semana de las Fuerzas Armadas, por decenas de miles de personas. Los niños, sobre todo, disfrutaron subiendo a los vehículos acorazados y poniendo en marcha las motocicletas todo terreno de la Guardia Civil.

En el corazón de Burgos, en la plaza de honda raigambre castellana, entre la casa de la Cultura, las Bernardas y la Magdalena, se encuentra la estatua ecuestre de Diego Porcelos, fundador de la ciudad. Numeroso público, jóvenes en su mayorla, se agolpa ante la puerta de la Casa de la Cultura, para asistir a las sesiones de cine militar.

Foto Fede, Memoria gráfica de Burgos Tomo III.

AMBu

Fuente monumental erigida como homenaje a las Fuerzas Armadas, obra de Juan de Avalos y Taborda en colaboración tanto en el concurso como en el proyecto de arquitectura con su hijo Juan Ávalos Carballo. Este mismo autor también tiene en la ciudad de Burgos, la estatua ecuestre del "Conde Diego Rodríguez Porcelos", fundador de la ciudad. Inaugurada con motivo de MC aniversario de la ciudad fue colocada en la plaza de San Juan, y desde 2011 en la Plaza de Santa Teresa.




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Foto Fede - AMBu

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Revista Ejército nº521, junio 1983
Marín Bello Crespo (Capitán de Infantería)

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